NIBIRU o Planeta X y el Génesis

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La destrucción del planeta Tierra a causa de Nibiru / Planeta X comienza en Ucrania

Zecharia Sitchin, lingüista e historiadora rusa, experta en la civilización sumeria (una de las pocas eruditas capaces de descifrar las inscripciones cuneiformes), asume como cierto y verdadero, aunque confuso, todo lo que comúnmente se llama mitología. Todo lo que representa las costumbres y las costumbres de un pueblo, desde las tradiciones antiguas hasta los cuentos populares, desde las representaciones de templos u objetos y utensilios, pasando por diversas prácticas ceremoniales, bailes propiciatorios y cantos, todo lo cual, de hecho, sería una confusa memoria de los acontecimientos que realmente ocurrieron.

Estudios astronómicos recientes confirman el descubrimiento de otro planeta en el sistema solar, un planeta con una órbita elíptica muy grande, que lo llevaría a transitar entre Marte y Júpiter cada 3.600 años. Los sumerios sabían de la existencia de este planeta, al que llamaban Nibiru, “el planeta de la travesía”, que venía de las profundidades del espacio, fuera de nuestro sistema solar; sus habitantes, los Anunnaki, comenzaron a visitar la Tierra hace medio millón de años, y la crónica de aquellos días puede leerse -según Sitchin- en el Antiguo Testamento como en el libro de Gilgamesh.

¿Qué relación tuvieron Nibiru y los Anunnaki con el planeta Tierra?

Hay un texto mesopotámico, el Enuma Elish (“Cuando está arriba”), que data de hace más de 4000 años, escrito en caracteres cuneiformes, compuesto por siete láminas y en el que, en forma de narración, describimos la formación de nuestro Sistema Solar.

“Enuma elish la nabu shamamu (Cuando en el cielo alto no tenía nombre todavía
Shaplitu ammatum shuma la zakrat” Y en el fondo ni siquiera el suelo duro tenía nombre)

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Así comienza el Enuma Elish. Sólo hay tres dioses al principio: Apsu (“uno que existe desde el principio”), Mummu (“uno que nace”) y Tiamat (“virgen de la vida”).
De la mezcla de las aguas primordiales (elemento básico del universo) nacen Lahmu (“dios de la guerra”) y Lahamu (“señora de las batallas”). Luego vinieron Anshar (“el primero de los cielos”) y Kishar (“el primero de las tierras secas”), que generaron Anu (“el de los cielos”) y Gaga. Ea es entonces mencionado como el “hábil creador”.

Tapices medievales arrojan evidencia de la existencia de Nibiru

La yuxtaposición de los dioses de texto mesopotámicos con los planetas de nuestro Sistema Solar ha llevado a
para identificar Apsu con el Sol, Mummu con Mercurio, Lahamu con Venus, Lahmu con Marte, Tiamat con la Tierra, Kishar con Júpiter, Anshar con Saturno, Gaga con Plutón, Anu con Urano y Ea con Neptuno.
El texto continúa describiendo las órbitas turbulentas e irregulares de los planetas, toda una serie de eventos caóticos que finalmente condujeron a una paz relativa, interrumpida por la llegada de Marduk, un nuevo dios (y por lo tanto un nuevo planeta, formado en otro lugar).
Así es como continúa L’Enuma Elish:

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“En la cámara de Fati, en el lugar del destino.
Un dios fue engendrado, el más capaz y sabio de los dioses;
en el corazón de las profundidades fue creado Marduk.
Su figura era atractiva, sus ojos brillaban;
majestuoso fue su paso, imponente como en la antigüedad
…Era el más alto de los dioses, superior en todo….
Soberbio entre los dioses, superó a todos por su estatura;
Sus extremidades eran enormes, era excepcionalmente alto.

La historia indica entonces la entrada de Marduk en el Sistema Solar; después de una serie de desviaciones, su trayectoria se cruza con la de Tiamat, golpeándola, inicialmente con su propio satélite:

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“El Señor extendió su red para envolverla;
el Viento del Mal, que estaba detrás de él, lo desató contra ella.
Cuando Tiamat abrió la boca para devorarlo.
Los empujó contra el Viento del Mal,
así que ya no podía cerrar los labios.
Los fuertes vientos de la tormenta le cargaron la barriga;
su cuerpo se hinchó, su boca se abrió de par en par.
Disparó una flecha que destrozó su vientre;
penetró en sus intestinos y se clavó en su vientre.
Después de haberla domesticado tanto, extinguió su aliento de vida.

El misterio de las alteraciones del Sistema Solar ¿Será Nibiru?

Luego Marduk pasa de nuevo cerca de Tiamat, cruzándolo por segunda vez, y golpeándolo con su propia superficie: la consecuencia es que Tiamat se divide en dos, una parte de la cual formará el cinturón de asteroides (que actualmente orbita entre Marte y Júpiter), mientras que la otra parte formará la Tierra, que será empujada por el satélite “Viento del Norte” de Marduk (tercera colisión) en una nueva órbita junto con Kingu (Luna), que ya era uno de los diez satélites de Tiamat. El Enuma Elish describe esta serie de colisiones de esta manera:

“El Señor pisó la parte de atrás de Tiamat;
con su arma le cortó el cráneo limpiamente;
a través de los canales de su sangre;
y condujo al Viento del Norte para que trajera la parte ahora separada
a lugares que nadie conocía todavía.
La otra mitad de ella la levantó como una pantalla en el cielo;
y la presionó, dobló su cola para formar la Big Band,
similar a un brazalete que protege los cielos.”

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Más tarde, en su período de revolución, Marduk atrajo al satélite de Anshar (Saturno), Gaga (Plutón), moviéndolo a una órbita independiente alrededor de Apsu (Sol), como un planeta real.

El Enuma Elish afirma claramente que Marduk vino de las profundidades cósmicas fuera de nuestro Sistema Solar; los sumerios llamaron a este invasor Nibiru, “el planeta que cruza”.
Al indicar su órbita, los textos mesopotámicos la describen como una órbita muy grande, extendida a regiones desconocidas del Universo. Sin embargo, en el mundo antiguo había una profunda convicción de que cíclicamente (cada 3600 años) este planeta regresaba a la vecindad de la Tierra, y más y más estudios en profundidad en esta dirección parecen dar concreción científica a estas historias épicas.
Otro texto mesopotámico, traducido por Viroellaud, describe a los miembros del grupo Mulmul, es decir, de nuestro Sistema Solar. Este texto es sobre “doce planetas”.
La línea 20 de la tabla TE muestra:

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“Naphar 12 sheremesh ha.la
sha kakkab.lu sha Sin u
Shamash ina libbi ittiqu”

Lo que significa “un total de doce miembros a los que pertenecen el Sol y la Luna, y donde orbitan los planetas”.
Considerando nuestro actual sistema planetario, compuesto por nueve planetas más el Sol y la Luna, es evidente que no hay planeta, Nibiru.
Los sumerios, en sus textos, reportan descripciones de Nibiru, como se vio en aquellos días remotos:

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“Dios Nibiru:
Él es el que sin esfuerzo
el cruce en el centro de Tiamat continúa
está cruzando su nombre
el que ocupa el vehículo

El gran planeta:
Aspecto, rojo oscuro
El cielo en el medio divide
su nombre es Nibiru.”

En 1930 se descubrió Plutón, y esto, al menos al principio, proporcionó el punto de partida para explicar las interferencias observadas en las órbitas de Neptuno y Urano. Esta explicación resultó ser muy frágil en poco tiempo, porque en 1978 W.Christie (del Observatorio Naval de Washington) mostró que Plutón era demasiado pequeño para ejercer una influencia gravitacional tan fuerte en los otros dos planetas; planteó la hipótesis de que la causa podría ser la presencia de un planeta desconocido, cuya masa sería capaz de inclinar la órbita de Urano, mover Plutón y dar una órbita retrógrada a uno de los satélites de Neptuno (Tritón).

Tras el descubrimiento de Christie, R.S.Harrington y T.C.Van Flaandern, del mismo Observatorio de Washington, realizaron una serie de pruebas simuladas por ordenador y llegaron a la conclusión de que esas anomalías orbitales podrían ser producidas por un planeta del doble del tamaño de la Tierra y a unos 2.400 millones de kilómetros de Plutón. Las misiones posteriores de los Pioneros 10 y 11 y de la Voyager reforzaron esta tesis.

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En 1983 el telescopio espacial IRAS (Infrared Astronomic Station), puesto en órbita y activo durante casi un año, registró otros datos favorables para la tesis del “Planeta X”; equipado con una tecnología capaz de capturar la radiación infrarroja de los cuerpos celestes muy lejos del Sol (no directamente observable desde la Tierra), el telescopio IRAS envió a la NASA más de 600.000 imágenes, cuyo procesamiento permitió identificar nuevas estrellas y sistemas planetarios en formación.

En diciembre de ese mismo año, la prensa estadounidense anunció que el telescopio había descubierto, en dirección a la constelación de Orión, un cuerpo celeste cuyas probables dimensiones eran similares a las de Júpiter[de la columna científica del Washington Post]. El director del IRAS, G. Neugebauer, declaró que los astrónomos no podían clasificarlo.

Más tarde, la distancia entre el objeto y el sol se estimó en 80.000 millones de kilómetros, es decir, lo suficientemente cerca como para volver a entrar en la órbita de nuestro Sistema Solar; parecía que se acercaba a la Tierra, pero era demasiado grande y se movía demasiado lento para ser un cometa.

En 1987 la NASA anunció oficialmente la posible existencia del “Planeta X”, en una conferencia celebrada en el Ames Research Center de California, a través de su portavoz, John Anderson.

A finales de los años 90, John Murray (Universidad Abierta del Reino Unido) y John Matese (Universidad del Suroeste de Louisiana) llegaron, con estudios separados, a las mismas conclusiones, a saber, que hay un objeto desconocido en los límites de nuestro Espacio que ejerce una fuerza gravitatoria capaz de “ralentizar la salida de las sondas del sistema solar y desviar el camino de los cometas”.

En 1998 la NASA anunció el posible descubrimiento de un planeta extrasolar en una estrella binaria (TMR-IC) de la constelación de Tauro, a unos 450 años luz de la Tierra.
Nuevas observaciones posteriores con el telescopio Keck excluyeron esta hipótesis, ya que habría identificado una temperatura superficial superior a 2700 grados Kelvin, incompatible con la temperatura de cualquier planeta joven.

En febrero de 2000, se descubrió un gran cometa que gira alrededor del Sol a lo largo de una órbita tan grande y elíptica que no puede ser justificado por la perturbación gravitacional producida por los planetas más grandes (Júpiter, Saturno) solamente. El cometa fue nombrado 2000CR105, y parece tener un diámetro de al menos 400 km. Brett Gladman y sus colaboradores, del Observatorio de la Costa Azul, han estimado su perihelio en 6.600 millones de km, y su aphelio en unos 58.000 millones de km.

Entre las muchas hipótesis examinadas, se encuentra la que sugiere la existencia de un planeta del tamaño de Marte, que orbitaría a una distancia media del Sol de unos 11.000 millones de kilómetros, lo que justifica la evolución y el comportamiento de este enorme cometa. Sin embargo, este planeta aún no ha sido identificado.

En 2001, el Observatorio Suizo de Neuchatel anunció que sus astrónomos habían identificado una masa rojiza en los espacios sidéreos, el mismo cuerpo celeste, probablemente capturado por el Observatorio Gordon Macmilla Southam de Lowel en Arizona. En ambos casos hemos hablado de un cuerpo planetario en fase de acercamiento regular a la Tierra.
En enero de 2002 algunos astrónomos (los más recientes del observatorio de la Alta Provenza en Francia) declararon haber logrado fotografiar un cuerpo celeste que se aproximaba en ascensión recta (4h 27m 22s; declinación 12h 8m 20s).

En un artículo publicado en la revista Nexus en el bimestre noviembre-diciembre de 2002, Furio Stella reporta las declaraciones de Adriano Forgione, director de la revista mensual Hera, quien había publicado en su periódico supuestas fotos de Nibiru, cuya fiabilidad no ha sido probada de ninguna manera. Por el contrario, si acaso, Forgione negó su veracidad en la 2ª Conferencia Nacional de Nexus el pasado 27 de octubre de 2002. “Esto no significa que no crea en la existencia de Nibiru”, dijo Forgion, “al contrario, creo que los sumerios sabían muy bien cómo estaba compuesto el Sistema Solar… y sus observaciones están ahora confirmadas por astrofísicos… con cálculos matemáticos en la órbita de los cometas”. Estos cálculos confirman la existencia de un gran cuerpo celeste, al menos tres o cuatro veces la Tierra, con una órbita retrógrada, por lo que todo coincide con lo que Sitchin describió.
Sin embargo, sobre el trabajo del erudito ruso, el director de Hera admite estar en desacuerdo en varios puntos:

“No hay confirmación de que el Décimo Planeta entre en el Sistema Solar y que tenga una órbita alargada e intersectiva. No tiene sentido… También soy escéptico de que el Planeta esté habitado….
En este Sitchin ha combinado varios conceptos asociando a Nibiru un concepto que no está en los textos cuneiformes: que los Anunnaki son los habitantes de Nibiru es básicamente su deducción.

Carmen Rettore, investigadora de Arquetipos y su mensaje, señala que todo descubrimiento de un nuevo planeta puede estar asociado a grandes cambios en la historia de la Humanidad, cambios que no pueden ser aleatorios, porque “… el universo tiene su propio código de comunicación…”: El descubrimiento de Urano en 1781 fue seguido por la Revolución Industrial y Técnica; Neptuno, visto por primera vez en 1846, coincidió con el aumento de los viajes, el consumo de drogas, el nacimiento del ferrocarril y el cine; Plutón, en 1930, puede asociarse con el psicoanálisis, la sexualidad, la bomba atómica….

La pregunta que hay que hacerse, más allá de todas las conjeturas posibles sobre la presencia de Nibiru en nuestro Sistema Solar, sobre su llegada, sobre la presencia de organismos vivos en su superficie, es: ¿cuáles serán en última instancia las consecuencias del descubrimiento del Décimo Planeta; qué traerá a la Humanidad y qué, en cambio, se las llevará?