Realidad simulada como la Matrix es imposible según dos físicos

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Realidad simulada como la Matrix es imposible según dos físicos

No hay muchos físicos que apoyen la teoría de una realidad simulada como la Matrix

La teoría de la realidad simulada (la que, sólo para entenderla, se encuentra en la base de la trama de la trilogía de Matrix) ha ido recogiendo en los últimos años, si no consenso, muchos intentos de profundizar sus bases teóricas para negarlas y por tanto abandonar todo el andamiaje. Hay que decir que probar que nuestra realidad no es simulada (por ejemplo a través de un ordenador) es realmente difícil en este momento, pero alguien empieza a intentarlo.

Zohar Ringel y Dmitry Kovrizhin, dos físicos teóricos de la Universidad de Oxford y la Universidad Judía, probablemente no tenían esto en mente cuando comenzaron a estudiar un fenómeno cuántico particular que ocurre en los metales. Se trata de un efecto conocido desde hace varios años que también se conoce como “efecto Hall Termal”.
Según Zohar Ringel, el estudio “proporciona un vínculo intrigante entre dos temas aparentemente no relacionados: las anomalías gravitacionales y la complejidad computacional. También muestra que la conductividad térmica de Hall es un verdadero efecto cuántico: uno para el que no existe un análogo local clásico.

Una Matrix seria muy compleja para existir

En concreto, los dos físicos habrían demostrado que la complejidad que subyace detrás de una simulación gigantesca como la que debería estar en la base de nuestra realidad aumenta con el aumento del número de partículas que deben ser simuladas, a diferencia de algunos enfoques según los cuales sólo se simula lo que se observa, mientras que para todo lo que no se observa directamente, no se realizan cálculos y por lo tanto cálculos (un poco como en los mundos recreados en los videojuegos).

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Si los dos investigadores tuvieran razón, significaría que el crecimiento computacional tendría que ser exponencial. Sería necesario por tanto aumentar cada vez más el número de procesadores, de las memorias y de todos los componentes del posible futuro superordenador capaz de hacer frente a la simulación.

No hace falta decir que, con el número de partículas en el universo, tal simulación sería imposible. Se calcula que sólo para almacenar información sobre unos pocos cientos de electrones (sus posiciones, sus movimientos, etc.) se necesitaría un ordenador construido con componentes cuyo material tendría que estar hecho de más átomos que los actualmente presentes en el universo.

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