Matrix no es sólo una película ¿es real?

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Sal a la calle la próxima vez que la noche esté despejada y observa detenidamente los cielos. Tómate un momento de calma para maravillarte con el firmamento al ver el montón de estrellas brillantes, y reflexiona sobre que, a miles de años de luz de distancia, habría muchísimos más millones de ellas. Luego de que hayas hecho todo eso, pregúntate: ¿es esto algo real?

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Dicha pregunta ha sido cuestionada a lo largo de la historia en muchísimas ocasiones. El famoso “Pienso luego existo” de René Descartes es una pequeña muestra de ello. No se trata de algo de sorprenderse, debido a que el universo en su conjunto siempre ha sido algo misterioso. Pero, especialmente aquello que abarca mucho más de lo que ocupa esa realidad que llamamos “hogar”, es tema de difícil comprensión.

En los últimos años se han logrado descubrir una gran cantidad de exoplanetas, algunos de los cuáles van más allá de la comprensión actual que se tiene de las leyes de la física y la lógica, por lo que más que nuevas respuestas sobre el universo, otorgan nuevas preguntas. El problema de esto es que, en ocasiones es tan inverosímil que pareciera no ser más que un juego. Lo que ha llevado a muchos científicos a hacerse la pregunta ¿Y si todo esto no fuera más que una realidad que alguien creó para su propia diversión?

La Matrix o el agujero del conejo

Un universo virtual es una idea que ha sido especialmente explotada por las producciones de ciencia ficción. Desde el holodeck de Jean-luc Picard hasta la sala de entrenamiento de los X-men, se ha podido percibir como la imaginación humana ha creado en sus propios universos ficticios complejas interfaces de computadora capaces de crear complejas simulaciones de cualquier tipo.

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Fue en el 1999 que la idea de la realidad virtual produjo una película que revolucionó la historia del cine: Matrix. Partía de la simple propuesta de decidir entre 1. Tomar la píldora azul y dejar que la historia terminara, despertar en la cama y continuar creyendo en aquello que se quería creer; o 2. Tomar la píldora roja, quedarse en en País de las Maravillas y averiguar qué tan profundo es el agujero del conejo. Pues bien, existen muchos científicos que creen que este concepto del agujero del conejo, más que una ficción, se trata de un concepto real.

Lo ambiguo de nuestra realidad

Los cinco sentidos nunca son perfectos y se pueden engañar fácilmente mediante los métodos adecuados. Da fe de ello el hecho de que un mago talentoso puede explotar estas deficiencias para crear la ilusión de que él o ella puede realizar maravillas que van mucho más allá de nuestra comprensión. Por supuesto, gran parte de estos actos suelen valerse de una simple distracción, ya sea engañando a la audiencia para que mire en una dirección opuesta o se fije en una cosa sin importancia mientras la distracción oculta los mecanismos capaces de alterar nuestra percepción de lo que realmente sucede. Sin embargo, el verdadero engaño va más allá de los trucos de Dynamo o David Blaine.

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Claro está que ninguno de estos trucos de “magia” pueden compararse con correr a lo largo de las paredes, esquivar balas con unas leyes de la física que desafían aquellas que conocemos o, simplemente, la realización de actos imposibles para las habilidades humanas. Todo esto suena bastante ilógico tan sólo de pensarlo pero, imagina si tuviéramos una opción similar entre ambas píldoras. ¿Cómo podríamos saber si realmente estamos viviendo dentro de una Matrix?

Las investigaciones sobre la Matrix

En 2001, unos científicos hicieron su primer intento serio de calcular qué recursos se requerirían para una simulación del tamaño de un universo. Las conclusiones que obtuvieron arrojaron que era prácticamente imposible la creación de una realidad alternativa de tal magnitud. En primer lugar, sería necesario una fuente de energía superior a la que posee el universo conocido. Así mismo, el hardware de la computadora tendría que ser más grande que el universo y el tiempo pasaría más lento dentro de la matrix que fuera de ella.

Los científicos del MIT decidieron que no valía la pena el esfuerzo de intentar construir un aparato de ese estilo. Inspirados por los estudios del MIT, otros científicos continuaron este estudio y utilizaron una copia menos perfecta del modelo de universo alternativo, la cual era lo suficientemente buena como para satisfacer a los habitantes virtuales y no necesitaba en absoluto tanta capacidad de procesamiento.

Ha pasado más de una década desde aquellos primitivos experimentos y los avances tecnológicos de los últimos años sí implican que, incluso el teléfono celular más modesto de la actualidad, tiene más poder de procesamiento que las computadoras de la NASA durante la carrera espacial de los años sesenta. Las supercomputadoras modernas ahora pueden diseñar con precisión un “universo crudo” capaz de trazar y monitorear galaxias, así como hacer agrupaciones sencillas. No debería de pasar mucho tiempo antes de que estas simulaciones puedan incluir representaciones de formas de vida virtuales. Así que sí, todo apunta que es posible crear un Matrix.

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¿Cómo sería la creación de una Matrix?

En las simulaciones ya mencionadas, el movimiento de las partículas virtuales se ha calculado en relación a la distancia entre puntos separados dentro de la red que se está utilizando. El movimiento de estas partículas y, por lo tanto, la energía, tiene una correlación directa con el tamaño de la cuadrícula que se está utilizando. Cuanto más pequeña es la rejilla, mayor es la energía que tienen estas partículas.

Todo esto significa que si nuestro universo es una simulación, debe de poderse observar una cantidad máxima de energía para las partículas más rápidas. Increíblemente, los astrónomos han registrado rayos cósmicos que se originan en galaxias distantes que llegan a la Tierra a una energía máxima constante de aproximadamente 1020 voltios de electrones.

Así mismo, los astrónomos también han llegado a la conclusión de que si el espacio profundo es continuo y no posee una estructura de red subyacente, estos rayos deberían de llegar uniformemente desde todas las direcciones.

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Si se añade una red artificial, esta distribución de energía se vería afectada en consecuencia. Si este cambio lograra ser detectado, entonces le daría un peso considerable a la idea teórica de un universo similar a Matrix. No obstante, para obtener una respuesta concluyente de esta magnitud se requeriría más que solo datos recopilados de los rayos cósmicos entrantes.

El dilema y la incógnita

Hay un defecto importante y casi paradójico detrás de estos estudios. Si realmente estamos dentro de una simulación por computadora, entonces todos los resultados científicos que obtengamos se basarán en las leyes de la simulación que se están ejecutando y no en las leyes naturales de la física real. Es decir, los resultados obtenidos ya estarán sesgados por las limitaciones del programa que están ejecutando aquellos que lo crearon.

Tomando esto en cuenta, sólo queda en el aire otra pregunta que también ha sido un dolor de cabeza tanto para científicos como filósofos a lo largo de la historia. La cuál, además, no todos están dispuestos a obtener la respuesta, por las nefastas consecuencias que podría tener en la psiquis de una persona, en caso de que la respuesta resulte nefasta. Y es que, responder ¿quién está detrás de todo esto que ocurre en nuestro mundo y con qué propósito lo hace? No es una tarea sencilla.

¿Te arriesgarías a tomar la píldora roja para saber más?

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