El escalofriante pueblo de Nagoro

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Alrededor del mundo existen muchos pueblos fantasmas, pero hasta que se convierten en eso, no se les suele poner mucha atención. Pero a pesar de que dichos pueblos puedan parecer terroríficos, existen algunos mucho más misteriosos, y una prueba de ello es el pueblo de Nagoro, el cual no es un pueblo fantasma, pero tiene años aferrándose a no serlo. Y nadie se esfuerza más en evitarlo que una de sus ciudadanas, quien encontró un bizarro método para llenar las calles del pueblo de “vida”.

Fue hace más o menos una década cuando Ayano Tsukimi volvió a Nagoro para cuidar a su padre enfermo, pero lo que se encontró fue un pueblo casi deshabitado por completo. De las 300 personas que la habitaban originalmente, solo habían quedado 37. Los más grandes habían fallecido por edad o alguna enfermedad, mientras que los más jóvenes se habían mudado a la ciudad. Incluso Tsukimi era de las más jóvenes del pueblo contando ya con 65 años.

Todo comenzó cuando intentó plantar un huerto sin éxito, los cuervos no dejaban que creciera nada por lo que decidió hacer un espantapájaros. Y de ahí surgió su extraña idea, si ya no había gente que habitara las calles y casas, ella “pondría” a otros nuevos.

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De esta forma, muy pronto el pueblo entero se llenó de muñecas a tamaño real que a su vez eran retratos de las personas que Tsukimi recordaba. Si tenía el recuerdo de un niño que gustaba de jugar en un árbol, hacía un muñeco suyo y lo colgaba en ese árbol. Incluso las aulas de la escuela se llenaron de alumnos y maestros ficticios.

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Incluso se la conoce como el “Pueblo de las Muñecas” o “Pueblo Espantapájaros”, y no es un nombre errado, ya que ahora tiene más muñecos que habitantes. Y tal vez lo más interesante es que uno puede ir a conocer el lugar y tomar fotografías. Incluso, si Tsukimi está desocupada siempre está dispuesta a dar un tour por todo el lugar, platicando siempre quien es cada muñeco y porqué esta donde está.

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Sin embargo, por mejor intención que tenga la mujer, no parece ser algo que uno quisiera ver a mitad de la noche. Dar un paseo nocturno entre todos esos muñecos alrededor de la ciudad no debe ser nada placentero. Pues no solo están ahí, sino que ella los colocó por el camino que lleva hasta el pueblo, según dice ella para atraer curiosos, pero si uno pasa por ahí sin saber de qué se trata, seguro se lleva un buen susto.

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“A partir de ahora, siempre y cuando esté sana, pienso seguir haciéndolas, me gusta y entonces espero que la gente pueda disfrutar de ellas” fue lo que dijo Tsukimi acerca del mantenimiento de las mismas, y es que, aunque los muñecos que están al aire libre estén protegidos por plástico, al ser de tela y paja suelen deteriorarse luego de un par de años. Por lo que no solo debe hacerlos sino cuidarlos. Y por más interesante que pueda hacer el lugar, en varios años finalmente se convertirá en una ciudad fantasma, por lo que si dejan los muñecos a que se destruyan, será un lugar bastante inquietante.