El infierno en la Tierra que desatará la próxima tormenta geomagnética

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Una gran llamarada solar producto de una tormenta geomagnética que golpee la Tierra destrozará satélites, detendrá centrales eléctricas y un infierno se desatará. Es solamente cuestión de tiempo para que esto suceda, es algo inevitable. De esa manera se ha referido durante en una entrevista radiofónica en el programa «Costa a Costa» de los Estados Unidos el famoso físico Michio Kaku. De acuerdo a sus cálculos, un terrible infierno se desatará en la Tierra y no existe nada que podamos hacer para impedirlo.

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El infierno en la Tierra que desatará la próxima tormenta geomagnética

Michio Kaku asegura que una tormenta geomagnética desatará un infierno en la Tierra

Una nueva advertencia se suma a las muchas que han venido aumentando estos últimos meses, incluyendo aquellas hechas por el propio Ejército de Estados Unidos con el desarrollo de su Electromagnetic Defence Task Force y el cuerpo de Marines entrenándose para un desastre similar. El propio Consejo Nacional Asesor para las Infraestructuras Críticas o el propio Foro Económico mundial incluyó también a las tormentas geomagnéticas como unas las causas principales que amenazarían al mundo este año.

De esta forma, Kaku señala que las llamaradas solares en esta escala son extrañas; solo atacan una vez cada cien o doscientos años, pero destacando que el último de estos fenómenos peligrosos golpeó el mundo hace 160 años y el planeta podría recibir otro poderoso impacto solar muy pronto.

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El infierno en la Tierra que desatará la próxima tormenta geomagnética

¿Nos hemos salvado de estas tormentas geomagnéticas?

Por el momento hemos tenido suerte y hemos esquivado la bala, dice el científico. Hasta ahora se ha conseguido evitar las llamaradas solares, pero no debemos olvidarnos que esas grandes llamaras son como balas y las manchas solares son rifles. Debemos imaginarnos a rifles disparando balas hacia el espacio y fallando el blanco de la Tierra. Obviamente que el espacio exterior es inmenso, pero en cualquier momento, una de esas tormentas geomagnéticas alcanzará la tierra, como sucedió en el año de 1859 y se puede desatar un infierno.

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La organización de protección civil española, la cual lleva tratando de crear conciencia en instituciones públicas y ciudadanas, sobre la necesidad de tener medidas de resiliencia y autoprotección es la AEPCCE, la Asociación Española de Protección Civil para el Clima Espacial y el EMP.

A ese trabajo de prevención se debe que ya desde el año 2011 exista, por lo menos, un Decálogo de Autoprotección para la ciudadanía ante estos fenómenos extremos de meteorología espacial. Este Decálogo fue adoptado de manera oficial después del 2012, por la Protección Civil de Extremadura como una recomendación para la población y teniendo como ejemplo de buena práctica por el Congreso de Diputados en su primera resolución, reconociendo así el peligro de este fenómeno natural.

El infierno en la Tierra que desatará la próxima tormenta geomagnética

Europa intenta evitar la catástrofe

El propio Parlamento Europeo también admitió a trámite una solicitud para que, por primera vez, la Unión Europea sea quien defina de una vez por todas, una estrategia europea ante la amenaza espacial y las tormentas geomagnéticas, como lo hizo Estados Unidos. De esa manera se podrán abordar muchos casos pendientes por mejorar en cuanto a seguridad.

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Desde la AEPCCE rechazan hablar de un «infierno en la Tierra», como lo menciona el físico estadounidense, pero sí reconoce que existe un gran riesgo de impacto, por lo que no pueden seguir actuando como si términos de planificación de emergencia no existieran.

Entre las consecuencias que podría traer no estar preparados para una tormenta geomagnética podrían encontrarse un incremento considerable de accidentes aéreos. Afectado así el tráfico aéreo, importación y exportación de suministros y más.

Un incremento en los accidentes de tráfico rodado y de medios de transportes de rieles, como trenes, metros, tranvías y más. Fallos en semáforos y señales eléctricas.

Un posible desencadenamiento de diferentes incendios por excesiva actividad eléctrica en la tierra, como se confirmó en el evento Carrington de 1859, con el añadido de la posible paralela afectación de los medios anti incendios. La probabilidad considerable de grandes incendios simultáneos en diferentes partes del mundo, lo que significaría una dificultad gigantesca para controlarlos entre una gran cantidad de desastres que se sumarían a los fallos de satélites y comunicaciones por radio.

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