El agujero de la capa de Ozono, un mito de décadas en la tierra

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Un tema que ha estado envuelto en polémicas durante muchísimos años ha sido el agujero de la capa de ozono que sufre nuestro planeta sobre la Antártida. Muchos científicos, geofísicos, químicos, inclusive gobiernos de las potencias del mundo ha dedicado absurdas cantidades de dinero en intento de frenar el crecimiento gradual que, supuestamente, ha ido sufriendo el agujero de la capa de ozono con el pasar de los años por culpa de ciertos químicos y gases creados por el mismo ser humano.

El planeta podría ser destruido si el agujero de la capa de Ozono crece más.

Paul Crutzen, Sherwood Rowland y Mario Molina fueron premiados en el año 95 por ser los supuestos descubridores del culpable del deterioro de la capa de ozono. Según los tres científicos y basados de un informo del año 76, los clorofluorocarburos (Cfc) eran el causante directo del gran agujero que se había formado.

En ese entonces, el Cfc se usaba a nivel mundial en la industria de la refrigeración y en la creación de aerosoles. Según los estudios realizados por los tres nobeles de la química, este compuesto químico tarda alrededor de 80 a 100 años en desaparecer de la atmosfera y sería el principal culpable de la pérdida del ozono. Esto causó que en el año 85, más de 20 países donde se incluían los más grandes productores de Cfc firmaran la famosa Convención de Viena para la Protección de la Capa de Ozono, dónde se estableció una regulación en el uso de compuestos químicos que podrían dañar la capa de ozono.

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En el 87, 43 naciones más se unieron a la causa y para el año 99, la producción de Cfc se había reducido a la mitad. Sin embargo, el histeria colectiva ya había empezado y más documentos sobre la disminución del ozono por culpa del mismo humano salieron a luz pública, lo que provocó que se creara un nuevo tratado en el cual se prohibía totalmente el uso de los Cfc para el año 2000.

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Desmontando el mito de la capa de ozono en el planeta tierra.

Los Cfc se sustituyeron por hidroclorofluorocarburos (HCFC), los cuales se suponen, no son una amenaza para el ozono, sin embargo, son gases que podrían potenciar el efecto invernadero.

¿Sustituir un problema por otro?

Como era de esperarse, las críticas empezaron a llover, siendo el primero en oponerse totalmente Frederick Seitz, ex presidente de la  Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos, lo que a la larga le costaría su puesto.

Y no fue el único.

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Muchos otros ex miembros de la Academia la acusaron de que sus intenciones eran más políticas que científicas, acusándolos de hacer propagandas a organizaciones y gobiernos, demostrando hechos científicos que contradecían muchas de las supuestas pruebas que mostraban, alegando que el agujero de la capa de ozono siempre ha estado presente.

De hecho, desde año 1970, gran parte de la capa de ozono desaparece en las inmediaciones de la Antártida aproximadamente 30 días en septiembre. Incluso hay registros que datan desde el año 57, cuando el Doctor Gordon Dobson descubrió el agujero.

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A pesar de ello, cada año seguimos observando informes y supuestos estudios de organizaciones ambientales que nos «advierten» del daño que la industria le hace a la capa de ozono y del peligro que conlleva ¿Será real o no será más que simple propaganda y publicidad para ellos mismos?