Geología: La fuerza de la gravedad está empujando al Etna hacia el mar.

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Geología: El movimiento del flanco oriental del volcán hacia el Mar Jónico se conoce desde hace años, pero ahora está confirmado por sensores submarinos, como se informa en un nuevo estudio que relaciona el deslizamiento con la gravedad.

Topografía en tierra en batimetría gris y en el mar en verde-azul. El alcance de la línea de contorno es de 300 m. Las características principales se indican como líneas discontinuas negras (24) y sólidas (38). La gruesa línea gris delimita la costa. El rectángulo naranja marca la posición de la red geodésica del fondo marino.

Al monitorear de cerca el volcán en el período entre abril de 2016 y julio de 2017, se reveló un movimiento significativo a mediados de mayo de 2017, cuando el flanco del volcán se movió hacia el mar varias pulgadas.

El grupo de investigación coincide en que el ascenso del magma tiene su importancia porque los movimientos del flanco del volcán coinciden con la actividad magmática. El hecho de que la montaña esté sujeta a tan grandes movimientos incluso en zonas alejadas de las de la cima de la montaña, densas internamente de magma, indica que es la verdadera protagonista es la fuerza de la gravedad.

En abril, el grupo de Murray sacó las conclusiones del estudio utilizando cientos de GPS terrestres para determinar los movimientos del Etna. Estos datos indican que entre 2001 y 2012 el volcán se movió hacia el Mar Jónico en dirección sureste a una velocidad de unos 14 milímetros por año. Los investigadores creen que la fuerza dominante para empujar el Etna a lo largo de una pendiente de escombros poco compactos es la de la gravedad.

El estudio de abril indica que todo el volcán se mueve, pero el nuevo trabajo se ha centrado en el flanco sureste. Teniendo en cuenta las conclusiones de ambos estudios, “parece haber un consenso creciente de que el factor dominante en el deslizamiento hacia el mar es la gravedad”, dice Urlaub.

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Las conclusiones del nuevo estudio parecen bastante sensatas, dice Behncke, añadiendo sin embargo que la situación es compleja y que probablemente la contribución de la gravedad y la actividad magmática cambian con el tiempo. Ambos factores también están relacionados, ya que los movimientos de la ladera de la montaña impulsados por la gravedad permiten que el magma se eleve.

“Es muy difícil sacar conclusiones definitivas a menos que los métodos utilizados por los autores se apliquen a períodos de tiempo más largos y a un área más amplia”, concluye Behncke.

También sigue pendiente la cuestión de si el movimiento del flanco sudoriental podría conducir algún día a un colapso catastrófico. Según los datos recogidos por Urlaub, esto es posible, aunque, según él, todavía no disponemos de información suficiente para estar seguros de ello. Los geólogos necesitan décadas de monitoreo antes de poder distinguir entre planeo “normal” y “acelerado”.

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Por el momento no hay señales de un colapso inminente del edificio volcánico, y la falta de datos sobre eventos similares no nos permite entender si y cuándo podría ocurrir esta desastrosa hipótesis.

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Lo cierto es que el Etna sigue siendo una “guardia especial”, uno de los volcanes más vigilados del mundo.

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Al monitorear de cerca el volcán en el período entre abril de 2016 y julio de 2017, se reveló un movimiento significativo a mediados de mayo de 2017, cuando el flanco del volcán se movió hacia el mar varias pulgadas.

El grupo de investigación coincide en que el ascenso del magma tiene su importancia porque los movimientos del flanco del volcán coinciden con la actividad magmática. El hecho de que la montaña esté sujeta a tan grandes movimientos incluso en zonas alejadas de las de la cima de la montaña, densas internamente de magma, indica que es la verdadera protagonista es la fuerza de la gravedad.

En abril, el grupo de Murray sacó las conclusiones del estudio utilizando cientos de GPS terrestres para determinar los movimientos del Etna. Estos datos indican que entre 2001 y 2012 el volcán se movió hacia el Mar Jónico en dirección sureste a una velocidad de unos 14 milímetros por año. Los investigadores creen que la fuerza dominante para empujar el Etna a lo largo de una pendiente de escombros poco compactos es la de la gravedad.

El estudio de abril indica que todo el volcán se mueve, pero el nuevo trabajo se ha centrado en el flanco sureste. Teniendo en cuenta las conclusiones de ambos estudios, “parece haber un consenso creciente de que el factor dominante en el deslizamiento hacia el mar es la gravedad”, dice Urlaub.

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Las conclusiones del nuevo estudio parecen bastante sensatas, dice Behncke, añadiendo sin embargo que la situación es compleja y que probablemente la contribución de la gravedad y la actividad magmática cambian con el tiempo. Ambos factores también están relacionados, ya que los movimientos de la ladera de la montaña impulsados por la gravedad permiten que el magma se eleve.

“Es muy difícil sacar conclusiones definitivas a menos que los métodos utilizados por los autores se apliquen a períodos de tiempo más largos y a un área más amplia”, concluye Behncke.

También sigue pendiente la cuestión de si el movimiento del flanco sudoriental podría conducir algún día a un colapso catastrófico. Según los datos recogidos por Urlaub, esto es posible, aunque, según él, todavía no disponemos de información suficiente para estar seguros de ello. Los geólogos necesitan décadas de monitoreo antes de poder distinguir entre planeo “normal” y “acelerado”.

Por el momento no hay señales de un colapso inminente del edificio volcánico, y la falta de datos sobre eventos similares no nos permite entender si y cuándo podría ocurrir esta desastrosa hipótesis.
Lo cierto es que el Etna sigue siendo una “guardia especial”, uno de los volcanes más vigilados del mundo.

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