Sumeria: ¿Física cuántica en la antigüedad?

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Sumeria: ¿Física cuántica en la antigüedad?

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El sello VA/243 es un sello sumerio acadio del III milenio a.C., hoy conservado en la en el Museo Estatal de Berlín bajo el acrónimo VA/243.

Zecharia Sitchin (Bakú, 11 de julio de 1920 – Nueva York, 9 de octubre de 2010) en el libro que lo hizo más famoso, “The Planet of the Gods – The Earthly Chronicles“, describe el sello como una verdadera lección de astronomía apoyada por el principal dios sumerio “Anu” a los hombres y sus escribas.

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Si observamos atentamente la foca podemos ver, además de las tres figuras, una estrella rodeada de once pequeños círculos de diferentes tamaños. Según Sitchin, el que está en el centro representa nuestro sol, mientras que las once rondas son los nueve planetas clásicos, nuestra luna y un desconocido planeta X, llamado Nibiru, hogar de los dioses.

Estos son los fundamentos sobre los que se basa la teoría: “Sitchin dice que en correspondencia con la banda principal de asteroides del sistema solar se habría encontrado en la antigüedad un planeta que los sumerios llamaban Tiamat y los babilonios “Marduk”. Este cuerpo celeste chocaría con el planeta Nibiru, el hogar original de los dioses sumerios. De la desastrosa colisión entre Tiamat y Nibiru, narrada épicamente en el poema Sumeriano-Babyline Enuma Elish, nació la Tierra (en sumerio, “Ki”), y luego empujada a su órbita actual por una ulterior perturbación gravitacional de Nibiru, y el actual cinturón de asteroides.

Este ensayo intentará, utilizando elementos de la física cuántica, apoyados por textos de filósofos griegos sobre el atomismo, demostrar que este sello no representa en absoluto a nuestro sistema solar. El autor no está de acuerdo con la teoría del profesor Sitchin cuando sostiene que la civilización sumeria es la cuna de la civilización moderna. Nada más falso. Esto es negar (o peor “omitir”) la existencia de civilizaciones mucho más antiguas que la sumeria fechable alrededor del año 4000 a.C. como, por ejemplo, el Imperio Chino y los pueblos del Valle del Indo que tienen raíces fechables hasta el año 9000 a.C.

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Zechariah Sitchin

Empecemos de cero

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Muchos de los lectores del profesor Sitchin se han sentido fascinados por sus teorías sobre las colisiones celestes titánicas, y han aceptado comúnmente que el sello representaba nuestro sistema solar.

Ahora que las almas de los científicos, los partidarios y los opositores se han calmado, ahora que la foca en cuestión ha sido colocada en su santuario, y ahora que la ciencia ha alcanzado metas que parecían insuperables, es el momento de replantearse todo desde el principio. Empieza de nuevo, entonces, desde cero.

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El denominador común entre la física cuántica y los filósofos griegos

Aristóteles, Platón, Leucipo, Demócrito, Epicuro, Lucrecio. Como leeremos, podemos definirlos como “los padres espirituales de toda la física moderna”. Son los fundadores del atomismo. El atomismo, la cultura filosófica de la antigua Grecia, es una dirección filosófica natural de naturaleza ontológica (la ontología es una de las ramas fundamentales de la filosofía. Es el estudio del ser como tal, así como sus categorías fundamentales, viene del griego lògos “discurso”, que literalmente significa “discurso sobre el ser”) basado en la pluralidad de los constituyentes fundamentales de la realidad física. Los atomistas han teorizado que el mundo natural consta de dos partes: los átomos y el vacío.

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Entre ellos destaca el nombre de Demócrito (Abdera, 460 a.C.-360 a.C.), alumno de Leucippo, cofundador del atomismo. Es prácticamente imposible distinguir las ideas atribuibles a Demócrito de las de su amo. Demócrito fue el más prolífico de los escritores pre-socráticos. Nació después de Sócrates y murió quizás en el centenario, mientras Platón estaba vivo. Entre los estudiantes de Demócrito se encontraba Nausifane, maestro de Epicuro.

Desgraciadamente, sus obras no se han conservado plenamente, y sólo tenemos fragmentos de ellas, pero son más que suficientes para datar los primeros estudios, aunque de naturaleza filosófica, sobre el átomo en la antigua Grecia. Entre sus obras se encuentran “La piccola cosmologia”, “Sulla natura”, “Sulle forme degli atomi”, “Sulle parole”.

El nombre de Demócrito ha permanecido ligado a su famosa teoría atomística, considerada, incluso siglos después, una de las visiones más “científicas” de la antigüedad: de hecho, el atomismo demócrito fue adoptado no sólo por otros pensadores griegos, como Epicuro, sino también por filósofos y poetas romanos, como Lucrecio, así como por filósofos de la Baja Edad Media, el Renacimiento y el mundo moderno.

Como señalaron Theodor Gomperz y otros estudiosos, Demócrito puede ser considerado el “padre de la física”, al igual que Empédocles lo fue para la química. Geymonat afirma que “el atomismo de Demócrito desempeñó un papel decisivo, en los siglos XVI y XVII, en la formación de la ciencia moderna”.

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En la base de la ontología de Demócrito estaban los dos conceptos de átomo y vacío.

Demócrito sustituyó en cierto modo la oposición lógica eléctica entre ser y no ser por la oposición física entre átomo y vacío: el átomo constituía el ser, el vacío en cierto sentido se refería al no ser. Para Demócrito, el átomo era el elemento original y fundamental del universo, así como el fundamento metafísico de la realidad física; esto significaba que los átomos no se percibían a un nivel sensible (realidad física), sino sólo a un nivel inteligible, es decir, a través de un proceso intelectual que interrumpía y superaba al mundo físico-orporal.

Hay que señalar que el átomo democrático no constituía en sí mismo una inteligibilidad pura, como lo será la idea de Platón, ya que poseía una consistencia material esencial; sin embargo, seguía siendo una realidad inteligible porque escapaba de los sentidos y sólo se captaba a través del intelecto. Para Demócrito, la realidad de los átomos era “el archè”, y por tanto el ser inmutable y eterno. Los átomos fueron concebidos como partículas originales indivisibles, es decir, eran primitivas y simples (es decir, no compuestas), homogéneas y compactas en cantidades o tamaños.

Frente a la realidad de algo (el átomo), Demócrito habría admitido la existencia de un “no algo”, el vacío precisamente, la nada entendida como espacio. Por lo tanto, el vacío de Demócrito no indicaba la existencia de no ser sino más bien la falta de materia, coincidiendo precisamente con el espacio. Llenos y vacíos eran, por tanto, los dos principios originales a los que se podía remontar la existencia de todas las cosas: uno se refería al otro, implicándolo necesariamente, ya que la realidad era el resultado de su síntesis.

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Como ya se ha dicho, los átomos poseían el movimiento como su característica intrínseca: de hecho, se movían eterna y espontáneamente en el vacío, encontrándose y chocando. El devenir del cosmos y de la naturaleza y la multiplicidad de entidades se debieron precisamente a este movimiento incesante del que todo se formó y luego se desintegró. Por lo tanto, el movimiento constituía una propiedad intrínseca y espontánea de los átomos y, como tal, no era generado por una causa externa a ellos: espontáneamente, por su naturaleza, se movían.

Lo divino
En cuanto al resto de la materia, también el alma (psychè) de Demócrito estaba formada por átomos, átomos más delgados y suaves, de naturaleza ígnea. Penetran en todo el cuerpo y le dan vida y se mantienen en él respirando, y gracias a esta capacidad de animar, de hacer pensar al hombre, fueron considerados divinos. Por último, Demócrito argumenta que los dioses están hechos de átomos como los seres humanos, pero que no interactúan con nosotros en absoluto: este hecho le hizo considerarse un verdadero inconformista y ateo, una verdadera rareza en su época.

El lector atento no se habrá perdido varias informaciones clave de los escritos de Demócrito.

– Los átomos que tienen movimiento en sí mismos tienden a encontrarse y chocar (esto lleva al

La teoría de Sitchin sobre la colisión de Nibiru con Marduk/Tiamat)

– Los dioses están hechos de átomos como los hombres.

– Los átomos pueden ser considerados de naturaleza divina

– Los átomos son considerados divinamente invisibles