¿Existió La cuarta pirámide de Egipto? un descubrimiento revelador

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Mucho hemos escuchado sobre las pirámides de Egipto, donde fueron sepultados los faraones junto a grandes cantidades de oro. Sin embargo lo que hoy genera suspicacia es la cantidad real de pirámides situadas en la meseta de Giza. Desde la escuela nos han dicho que son tres, aunque hay versiones que sugieren que puede haber una cuarta pirámide, de ser así nos preguntamos ¿Por qué la mantienen en secreto? ¿Qué habrá en su interior que no quieren que el mundo se entere? Lo descubriremos a continuación.

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Los estudios sobre la presunta cuarta pirámide no son nuevos, datan de la década de 1700 y su autor más reconocido fue el respetado explorador alemán Frederic Norden, quien realizó extensas notas describiendo una pirámide negra, incluso con dibujos y mapas de su ubicación exacta. Toda esta valiosa información quedó redactada en su libro Voyage d’Egypte et de Nubie.

La versión oficial que registra la historia universal nos habla de solo tres pirámides, haciendo caso omiso, de forma deliberada, a los datos sobre la pirámide negra registrados por Norden, a quien nadie le contó nada sino, que él mismo estuvo presente ante la majestuosa obra arquitectónica del antiguo Egipto.

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Es sabido por todos que estas maravillas de la ingeniería ancestral encierran muchos misterios, pero la cuarta pirámide sugiere ser especial entre las demás. Fue hecha de un material distinto, y al parecer en ella se guardaron evidencias sobre la información certera de la forma en la que se edificaron las pirámides y sus verdaderos constructores, que incluso pueden tratarse de individuos con una inteligencia superior de este planeta o de algún otro.

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La cuarta pirámide no es un sepulcro más de faraones, si bien en ella no se atesoró tanto oro ni riquezas materiales, la información que se guardó en su interior vale más que todo el oro encontrado en las demás, ya que constituye una especie de caja negra de la verdadera historia de las pirámides, por eso se esfuerzan en mantenerla en secreto.

Es el perfil inconfundible de las pirámides de Cheops, Chephren y Mycerinus lo que hace único al valle de Giza en Egipto; sin embargo, el más bello de todos era otro, a pocos kilómetros de distancia, y lo eclipsaba en tamaño, majestad y riqueza. El misterio de la cuarta pirámide de Giza, la pirámide perdida del faraón Djedefra, sucesor de los Cheops durante la cuarta dinastía, está siendo investigado por un grupo de arqueólogos internacionales que durante años han excavado en Abu Rawash, a unos diez kilómetros al noroeste de Giza, donde se pueden encontrar los restos del monumento funerario, revelando detalles inéditos incluso sobre el enigmático faraón al que está dedicado. Los últimos descubrimientos, como prevé El Mundo, se cuentan en un documental que se estrenará en los próximos meses para History Channel.

La “pirámide perdida”, cuyos restos se encuentran en Abu Rawash -ahora un sitio militar de acceso restringido- y no superan los diez metros de altura, ha dado lugar a leyendas y suposiciones a lo largo de los años, a partir de su estado considerado inacabado hasta ahora. Los arqueólogos, sin embargo, no están de acuerdo: no sólo se había completado la pirámide, sino que era la más alta de todo el complejo (Cheops, Chephren y Mycerinus) y los materiales utilizados para construirla eran de mayor calidad que los de las “hermanas”. En la época romana fue desmantelada y la piedra fue reutilizada para construir otras obras en El Cairo, explica Zahi Hawass, Secretario General del Consejo Supremo de Antigüedades Egipcias.

Las excavaciones han durado doce años y dan una nueva interpretación a muchos de los misterios relacionados con la oscura Djedefra, incluyendo su elección de construir la pirámide no en la llanura de Giza, como sus predecesores, sino en un lugar más aislado y elevado. Durante mucho tiempo se pensó que de alguna manera el faraón había caído en desgracia, pero hoy Hawass cree que distanciarse de la familia fue una elección personal para enfatizar su independencia y colocar su tumba más arriba, cerca del Sol, que el faraón adoraba.

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La pirámide de Djedefra era impresionante y según los últimos cálculos era 7,62 metros más alta que la pirámide de Cheops, de 146 metros de altura. Cada una de las caras individuales, en la base, medía 122 metros y el ángulo de inclinación era de 64 grados, a pesar de una variación que impedía que el edificio cayera. Se utilizó granito rojo de Asuán, el mismo que se utilizó para la pirámide de su padre Cheops, que llegó desde más de 800 kilómetros a través del Nilo. Fueron necesarios ocho años de trabajo y más de 15.000 personas para construir la pirámide: cada “azulejo” pesaba 25 toneladas y se necesitaban 370 personas para levantarla.

Muy sólido, enorme, destinado a acoger con todos los honores al faraón en el paso a la otra vida. En las inmediaciones del monumento funerario, que sólo estará abierto al público a partir de 2009, también se ha encontrado un gran número de contenedores para ofrendas al Faraón. Y también el exterior mostraba toda la majestad del soberano: la pirámide estaba cubierta de granito pulido y una aleación de oro, plata y cobre que brillaba al sol, como signo de poder.

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