El Ermitaño de Monsanto. Leyenda de Portugal

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Si alguna vez has escuchado que “hay que tener cuidado con lo que se dice” y no has hecho caso de ello, deberías conocer la Leyenda de Monsanto.

Conocida popularmente como “La aldea más portuguesa de Portugal” situada al Noreste de Idanha-a-Nova se encuentra Monsanto. Cuenta la leyenda que en Monsanto vivía una mujer de terrible carácter llamada Ricarda, quien con su despreciable personalidad había logrado ganarse el desprecio de todos y el rechazo incluso de su propia familia, cualquier situación con ella solo terminaba con insultos e injurias.

Solo un viejo ermitaño de origen desconocido que habitaba en una cueva cercana gozaba de un trato distinto por parte de Ricarda. Conocido por los demás habitantes como Amador, era un hombre de gran Fe, Devoción y amor por Dios y por toda su creación, era poseedor de una gran sabiduría, de hecho todo aquel que recibía su consejo, en agradecimiento, le retribuía con alimentos y agua.

Ricarda también iba donde este ermitaño en busca de consejo pues en su amarga soledad no tenía nadie más con quien hablar, pero a pesar de las palabras del sabio, su actitud seguía siendo la misma, su egoísmo hablaba por ella, criticando a las demás personas por su mal proceder sin observar el suyo propio. Lejos de mejorar su carácter, Ricarda decidió marcharse de Monsanto por un tiempo, sin que nadie supiera de ella.

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Un día, de forma tan inesperada como su partida, Ricarda regresó a monsanto y aunque no era ninguna novedad su amarga actitud, lo que asombró a muchos fue el pequeño que traía entre sus brazos. Nadie le brindó una cálida bienvenida, sólo Amador la recibió a ella y al infante con mucho cariño y en su gozo por ver al pequeño le pidió que le concediera el honor de bautizarle y ser su padrino, pero Ricarda se negó y exclamó:

“Preferiría que se la llevaran los demonios antes que seguir escuchando el llanto del bebé”.

De insofacto, con la última palabra de aquella terrible frase, un espantoso viento los envolvió a los tres, una lúgubre penumbra cubrió al sol en amenazadoras nubes sangrientas, Se podían escuchar macabras carcajadas y de la nada un agujero se abrió bajo los pies de Ricarda arrastrándola a su interior, mientras Amador solo logró salvar al niño, al tomarlo, un poder sobrenatural lo arrojó sobre una piedra. Ricarda desapareció en las fauces de aquel agujero. Luego todo quedó nuevamente en calma.

Desde aquel día Amador cuidó al pequeño niño que cada noche era visitado por una cierva para amamantarlo. El niño creció y siguió los pasos del ermitaño que le había salvado y cuidado de él.

Tanto el niño como Amador fueron considerados santos, y en su honor fue erigida la capilla de Ermita de San Pedro de Vira-Corça.

Con el pasar del tiempo te seguiremos contado más leyendas, por el momento te sugerimos que compartas esta en tus redes sociales.


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